Se fuerza la máquina en el Malvinas
Una vez más Manu lo hizo. No se cuál es su fórmula ni su estrategia, pero este francés trotamundos logra sacar lo mejor de uno y en tan sólo dos horas de show levanta la temperatura de cualquier ambiente a mil grados centígrados. Y fue eso exactamente lo que pasó ayer por la noche en el Malvinas Argentinas, un estadio que desde muy temprano se llenó de gente con ganas de pasarla bien, simplemente eso. Disfrutar nuevamente –o tal vez para muchos por primera vez- de este experimento humano llamado Manu Chao.
Esta vez los vientos y la percusión de Radio Bemba se cambiaron por un simple sintetizador que iba tirando los clásicos sonidos; y lo únicos que permanecieron de la máquina original fueron Madjid en la guitarra, Gambeat en el bajo y Philippe en la batería. Una base que funciona, no sorprende –la falta de vientos se nota y se extraña- pero que logra transmitir una energía tremenda. Fueron justamente ellos los que aparecieron primero en el escenario del Malvinas y le dieron comienzo a la primera de las tres fiestas en Buenos Aires.
“¡¿Qué pasa Buenos Aires?!” dijo Manu antes de hacer Mr. Bobby, el primer tema de la noche, y arrancar el clásico vaivén de atrás para adelante. Cada paso era un golpe de energía y cada salto una inyección de nitrógeno. Las revoluciones se iban a mil y las cabezas empezaban a dar vueltas por el mágico mundo de Manu Chao.
Preparados ya para subirnos a la “Ruta México”, el francés bajó los decibeles un poco y nos dio con su guitarra acústica la Bienvenida a Tijuana. La cosa ya se empezaba a poner un poco más fuerte y seria, y al grito de “¡se fuerza la máquina!” Manu emepezó un maratónico set que tuvo seguidas y sin descanso El Viento, Día Luna, Día Pena –dedicada a todos los que algún día lloraron penas-, Clandestino y Otro Mundo.
Dejando bien en claro su preocupación por el medio ambiente –las banderas que colgaban detrás del escenario eran un claro ejemplo de su desvelo por cambiar la situación ambiental-, Manu invitó a dos militantes que puño cerrado y en alto protestaron contra la minería a cielo abierto
Era la mitad del show, un ansioso público todavía esperaba clásicos de Mano Negra y rogaba por una botella de agua –los músicos se encargaron de regalarle a la gente agua durante todo el show-, cuando La vida tómbola sonó y el recuerdo al gran Diego Maradona se hizo latente en todos los presentes.
Entra idas y venidas, saludos y despedidas, saltos y gritos, Manu se paró en el medio del escenario y sacó de su gatera clásicos inoxidables como Mala Vida y Machine Gun de Mano Negra, El Hoyo, Minha Galera y una versión acelerada y potente de Iron, Lion, Zion.
El final llegó con una mezcla de francés y árabe en la que el público acompañó a la banda en los coros de Sidi H’bibi y Pinocchio. Ése fue el final, al ritmo del “lolo, lolo, lolololo” la gente fue abandonando el Malvinas una vez más con la sensación de que Manu Chao había cumplido. Ahora sí, estamos listo para la Próxima Estación: Esperanza.
Pablo Vio
Fotos: Santiago Gallo Bluguermann