Rata en Obras: magos, espadas y saunaEn una noche de terrible calor, Rata Blanca despidió su año en Capital volviendo a Obras, donde hace 20 años también presento su exitosísimo “Magos, Espadas y Rosas”. El recital repasó el disco en cuestión y buena parte de la historia de la banda. Giardino se fue contento y empapado.

Hay una sana costumbre de Giardino: cuando parece que ya todo se vio… algo sale del sombrero del mago y nos devuelve el precio de la entrada con una alegría. Así de simple y complejo a la vez. La puesta en escena era sencilla, no había pantallas como en otras oportunidades, si detrás de la batería se podían ver de vez en cuando algunas imágenes – la presentación de Magos, Espadas y Rosas fue muy emocionante – pero en si la sencillez fue más que suficiente para cautivar nuevamente a esta ornada de “heavymetalerosneoclásicos” que se dio cita al Templo del Rock.
El set list es ingenioso: una primera parte con muchos éxitos que no tocaban hace mucho tiempo (“Agord la Bruja” y “Asesinos”, por ejemplo), una intro para “Magos, Espadas y Rosas” y el disco tocado casi completo. Y para terminar, varios clásicos (como “Guerrero del Arco íris” y “Chico Callejero”) y algunos nuevos clásicos para rematar la noche. Una radiografía completa de lo que pretendían demostrar en las tablas de Obras.
Un Adrián Barilari como siempre muy completo, llegando a las notas profesionalmente y que lució muy contento. Brilló especialmente en “El Reino Olvidado”, donde reventó cuerdas al fragor de una noche libre de nubes y que estaba apta para llegar a la nota más alta. En algún momento se quejó de su equipo de retorno, nada más.
Qué decir de Giardino, el hombre aún se sorprende con sus fans. Estuvo muy conversador en la noche de viernes. Dijo por el calor: “Esto no lo sentía desde los tiempos en que tocábamos en Haley”. Habló de los medios: “Hubo mucha gente que no quiso que llegáramos a esto, es gente que no siente la música con los oídos…y no hablo de público, hablo de algunos que escriben o filman” (¿rencor?). Y agradeció mucho al público: “Ustedes son lo más grande que tenemos, siempre me sorprenden, los quiero mucho…”, dijo el guitarrista. En algún momento se molestó con el tecladista Danilo Moschen por una nota, pero después se emocionó mucho.
A propósito de Moschen, le está costando aun ser el tecladista de Rata. No por su calidad de intérprete; sino porque su llegada con la gente aún no es como se espera. El “piano-man” de Rata es muy bueno con su equipo y no tiene nada que envidiar a sus predecesores. Lo que sí le falta es más compenetración con el público de Rata y aún no entró de lleno en ese maremágnum de sensaciones que significa la Rata.
Sánchez sigue sólido como la primera vez. Debe ser el músico que más aprecio tiene dentro de la comunidad de la Rata. Siempre atento con la gente y hasta parecería que te saluda desde las tablas cada vez que encamina una nota de su poderoso bajo, que a propósito, no cambia muchos en los shows.
Mención especial para el recinto. Volvió el viejo Obras: con mucho calor, con falta de agua en los baños, con los ventiladores apagados, con panchos que valen el doble y con amigos que se vuelven a juntar gracias a la música. Es la magia de un lugar rescatado a la ciudad y convertido en emocionante centro de diversión del rock. Faltó una manguera…
Rata se despidió con honor, los caballeros templarios hicieron magnífica su faena sobre el campo de batalla y los cuerpos húmedos de los abatidos tapizaron el suelo de este terreno de emoción llamado rock n’ roll.
Autor: Marcelo De la Cruz (rock.com.ar)