Circo Paranoico en La Trastienda: por amor al rock and roll
Pablo, Sarco y Roy se rodean de amigos y exorcizan el pasado reformulándose como banda de bar con oficio y experiencia
"Les pido que no los dejen solos: los chicos son grandes músicos", suplica el Bambino Pons en su rol de MC del palo, y la monada (de pibes ratoneros en diáspora a cancheros sub 40) que puebla La Trastienda hasta menos de la mitad responde que no, que ni a palos, decretando que "el que no salta es un traidor" y cantando los temas como si cada uno se hubiese cargado de facto la responsabilidad de reemplazar a Juanse. Esto es el Circo Paranoico: el epítome del aguante del núcleo duro a tres veteranos del rock and roll que encaran una transición hacia... veremos dónde.
Todo lo que pasa en este show está signado por una vuelta implícita al amateurismo, con sus ventajas (el evidente placer de tocar por tocar como al principio, pero con treinta años de experiencia y crecimiento musical a cuestas) y sus desventajas (desprolijdades varias, pronunciaciones polémicas del inglés, etc.). El status de banda de estadios se fue con el cantante y la salida sí o sí debe ser musical: de ahí el Jazz Paranoico del inicio, con la base rítmica de Pablo Memi y Roy Quiroga probando que pueden sostener el groove con los ojos cerrados y los invitados Gabriel Améndola, Germán Wiedemer (piano) y Pablo Fortuna (saxo) soltándose para saborear temas como el "Cantaloupe Island" de Herbie Hancock. Luego la vocalista Militta Bora, salida de la fantasía más trasnochada de Charles Bukowski, le insufla glamour febril a "Route 66" y "People Get Ready" de Curtis Mayfield, y así el telón cae por primera vez para darle espacio a lo circense: malabaristas y acróbatas que matizan el intermezzo.
La segunda parte del concierto es un compendio de clásicos del rock and roll y el blues añejo, tocados con la más pura devoción, ya con Sarco en la guitarra y la voz. "Ain't That a Shame" de Fats Domino y "Boom Boom (Out go the Lights)" de Pat Travers no son un prodigio de precisión y virtuosismo, pero sí de alegría y ritmo. La sensación es grata: una banda de bar que conoce el paño como nadie, con el solo objetivo de entretener y entretenerse. Miembros de Ella es Tan Cargosa completan la formación para el mini set Stone con "Dead Flowers" y "Brown Sugar". Y ahora sí, a exorcizar el demonio del pasado.
"¿Querían Ratones?", pregunta el Bambino, y parece que sí, que todos querían Ratones. La elección de los temas arranca polémica: "Vodka doble" de Electroshock y "Colocado" de Planeta paranoico son otra muestra de la intención de tomar el camino largo que demuestra la banda, eludiendo el grandes éxitos en vivo. Acto seguido Toti Iglesias de Hijos del Oeste cumple el sueño del pibe cantando "Vicio" y luego transpira y se le borra la letra de "Vampiro" que tiene macheteada en la muñeca, disparando sarasas a mansalva. Y para el final, un salto de calidad: Jimmy Rip, ex guitarrista de la banda de Mick Jagger, participa de una interpretación salvaje de "Enlace" y toma el micrófono para una versión boogie woogie de "Satisfaction" que deja en claro que todo bien con el blues de acá, pero el blues es de allá.
De esta manera se apaga éste, el primer concierto de un proyecto sin nombre y sin planes pero con mucha historia. La convocatoria no será igual de ahora en más y al cantante se lo extraña, está claro. Pero ver a esta gente quemándose las manos en pos de honrar sus viejos vinilos de rhythm & blues en un antro humiento y bien regado nunca dejará de ser un placer. ¿Y lo que importaba, en definitiva, no era el rock and roll?
Por Diego Mancusi