Peter Gabriel: concierto para trenes y orquesta
El cantante inglés se presentó junto a la New Blood Orchestra en GEBA para versionar sus clásicos
Entre tantas resurrecciones oportunistas y reciclajes de ocasión, Peter Gabriel volvió a desmarcarse de las ideas previsibles que persiguen a toda estrella de rock con más de 40 años de historia. En su voz, la acción de reinventarse cobra sentido y deja levitando a los que se animan a la experiencia. Aquí oscilaron en unos 30 mil, según la cifra estimada por los responsables de la cuarta visita al país del ex cantante de Genesis, multitud que dejó el estadio GEBA a paso lento como intentando retener algunas emociones de un show brillante. Más allá de la eterna devoción que se respiraba en el ambiente, buena parte del público todavía está digiriendo la reciente edición de New Blood, álbum que recrea de manera orquestal clásicos y no tanto de Gabriel, en donde los nuevos arreglos mandan y los pequeños detalles agregan piezas atractivas dentro de un engranaje conocido. Tal vez ésa sea la gran diferencia con Scratch My Back, el disco de 2010 que incluía versiones de Neil Young a Arcade Fire, pasando por Radiohead, entre otros, allí todo suena demasiado ajeno entre el intérprete y sus apropiaciones. En vivo la sensación cambia y el repertorio es algo más que una buena lista de éxitos, la clave descansa en el perfecto encaje que logra Gabriel al frente de la New Blood Orchestra, un espectáculo que roza la perfección en cada subida dramática o en los momentos que la canción pide ambientaciones mínimas. Por encima de todo, la voz de registro medio, garganta poderosa que dibuja lamentos, es por momentos cavernosa y en otros tan sutil como los agudos que alcanza, crea misterio y suena a instrumento único. Una voz que hasta luchó contra los trenes que cada tres minutos surcaban los bordes de GEBA y caldeaban la noche con sus jodidos bocinazos.
"Mi estudio en Inglaterra está justo al lado de las vías del ferrocarril de Bristol, así que me siento un poco como en casa", dijo Peter Gabriel en castellano luego del primer tema y así transformó el fastidio en sonrisa. Humor inglés, tolerancia y sobre todo clase para subsanar una molestia que se mantuvo a lo largo de todo el show. Unos minutos antes y cuando los acomodadores seguían ubicando a la gente de los sectores VIP, Gabriel apareció sobre el escenario como un asistente más, con las luces todavía encendidas y ante la sorpresa general presentó a Jesca Hoop y Ane Brun, las cantantes ofrecieron un pequeño set acústico en la mejor tradición del folk británico, más tarde, durante el show, se lucirán apuntalando cada detalle coral. Acto seguido, la orquesta, integrada por músicos ingleses y argentinos, tomó su lugar partiendo la atención en ese juego que divide miradas por instrumentos y sigue con fascinación cómo se va produciendo el montaje de todas las piezas. A un costado, Gabriel permaneció estático y sólo empezó a moverse cuando los temas finales pedían alguna coreografía. En la lista no figuraron sus hits planetarios (ni "Sledgehammer", ni "Shock the Monkey" y mucho menos "Steam"), la elección viajó por las márgenes: "Wallflower" (82), por ejemplo, es una canción que hasta esta gira no integraba el repertorio de los shows y tiene aquí una bellísima recreación; el tema habla de la tortura y fue presentado con una sentida dedicatoria a las víctimas de la ESMA. En el plano de las versiones, "Heroes" (Bowie) y "Aprés Moi" (Regina Spektor) ayudan a trabajar la idea de la orquesta como enorme caja de resonancia para el inigualable expresionismo Gabriel, escuela de pensamiento que incluye a unos cuantos frontmans de bandas relativamente nuevas (Tv On The Radio, Bloc Party, Elbow).
Quizá muchos de ellos se criaron escuchando Peter Gabriel III, por eso lo mejor aparece en "Intruder" y su carga siniestra, el tema pertenece a la época dorada del Arcángel Gabriel, un tiempo de revoluciones a puro ritmo global; la versión no le debe nada al original, vuelve actual un tema fechado en 1980. La gesta siguió por el brumoso "San Jacinto" y su historia chamánica contada en primera persona. En "Secret World", un tema incluido en Us, la elocuencia orquestal potencia la épica y los tambores empiezan a sonar cada vez más alto, muy a pesar de la advertencia que aparece en la tapa de New Blood ("No drums, no guitars"), aquí la percusión es puro estallido debajo de una lluvia de violines. Una tremenda ovación, los que superan los 50 levantan los brazos como vikingos en celo y los demás acompañan el festejo batiendo las palmas, Gabriel está grande pero suena joven y el show empieza a superarse a medida que avanza el setlist.
A esta altura del show, las imágenes de las pantallas giran entre planos a los músicos (son más de 50) y sus delicadas destrezas, las coristas con sus pases de baile acotados y el enorme despliegue de Benedict Foster, dirigiendo la orquesta como un amable poseso. En medio de ese trance visual y auditivo, Peter Gabriel aprovechó cada pausa para acentuar su compromiso con Amnesty International, apoyar a las redes sociales y el cambio que están produciendo en la denuncia y caída de las dictaduras de Medio Oriente y el norte de África. Todo en un castellano entendible y con claras muestras de esfuerzo, sin golpes de efecto ni gestos demagógicos.
El swing de "Digging in the Dirt", la melodía entrañable con "Mercy Sreet", o la evocación a Carl Jung representada en la monumental "The Rhythm on The Heat" elevaron aún más la talla atemporal de temas sagrados que cambiaron el curso del rock de los 80 barriendo fronteras no sólo musicales. "Red Rain" es una maravilla en versión orquestal y hasta "Biko" parece tener menos de 30. "Solsbury Hill" es el único hit de la lista y registra un cambio sustancial, se convierte en el "Himno a la alegría" casi sobre el final. El cierre es otra apuesta a mejorar el pasado, "In Your Eyes" y "Don't Give Up", haciendo duetos con las cantantes, suenan tan reales como el tipo que se negó a resucitar a Genesis y que cada vez que sube a un escenario trabaja el asombro como una meta a cumplir. Ya no se cuelga de un arnés, ni ensaya extraños pasos de baile, hay algo de sabio en sus movimientos y en su paciencia para meterse con el castellano. Eso sí, nada de bises tribuneros, sólo "una canción para irse a la cama", dice este inglés de 61 años antes de presentar "The Nest That Sailed the Sky", un final ambient de cámara mientras por el costado del escenario pasa la enésima formación de trenes.
Por Oscar Jalil - rollingstone.com.ar/1425200-peter-gabriel-concierto-para-trenes-y-orquesta