Esperando la resurrección
New Order en Obras. El jueves, la legendaria banda techno pop de Manchester logró superar la ausencia de su bajista.
La primera y única vez que New Order había pisado suelo argentino, su momento no era el mejor. Sobre el escenario del Club Ciudad, la inscripción “The End”, pintada con aerosol en la pared de amplificadores de Peter Hook, parecía bajarle el telón a una de las leyendas más grandes del techno pop británico. La banda que había sido emblema en eso de cruzar secuencias electrónicas con guitarras se desgarraba por dentro y vivenciaba una caída libre sin fondo visible. El desenlace no pudo ser otro que el presagiado por los mismos protagonistas entre las cuatro paredes de sus camarines, aquella recordada noche de 2006 y frente a algunos periodistas locales. El destino eligió a Buenos Aires para que fuera testigo del último acto de New Order. Hasta este momento.
Un lustro más tarde, un concierto a beneficio en París (la idea fue tenderle una mano a Michael H. Shamberg, el realizador que dirigió algunos de los videoclips más importantes del grupo) encendió la mecha y le puso combustible al motor de la nostalgia. Curiosamente, lo que iban a ser dos presentaciones (la mencionada en la capital francesa, más Bruselas) se convirtió en una minigira que ancló en Sudamérica.
Sin el bajista Peter Hook en sus filas, pero con el regreso de la tecladista histórica, Gillian Gilbert (pareja del baterista Stephen Morris), New Order eligió nuestro país. “Pasamos un gran momento la última vez que estuvimos acá, ya era hora de volver”, vociferó Bernard Sumner, apenas Crystal y Regret le ponían bandera de largada a la segunda actuación de los de Manchester por estas pampas. Mientras el bajista sigue girando con su banda The Light por Inglaterra homenajeando los dos discos de Joy Division, sus ex compañeros sacudieron a casi 5.000 almas del otro lado del Atlántico y dentro del reabierto Estadio Obras.
Con la deserción de Hook, la agrupación perdió crudeza y personalidad, pero ganó en prolijidad y nitidez. Su reemplazante, Tom Chapman, y ese metrónomo que es Morris (su precisión para tocar sobre secuencias es prodigiosa), se conjugan para lograr que New Order pueda llevar sin complejos al vivo sus canciones más bailables y emblemáticas. Así, mientras la multitud coreaba en cada intervalo al tristemente desaparecido Ian Curtis (el cantante de Joy Division se suicidó en 1980), el quinteto le guiñaba el ojo con Ceremony, además de disparar a quemarropa clásicos del tamaño de Age Of Consent, Bizarre Love Triangle, True Faith (sonó más techno que nunca) y Temptation. Locuaz, siempre con su dedito de maestro de escuela primaria en alto y el silbido hooligan a flor de labios, un Sumner en buen estado fue señalando los tiempos del show, dirigiendo a sus compañeros, corrigiendo a los sonidistas y arengando a sus acólitos que franqueaban el borde del escenario.
Como era de esperar, los bises sujetos al primerizo hit Blue Monday y el siempre bienvenido recuerdo de Joy Division con Love Will Tear Us Apart le pusieron un broche de oro a la noche y volvieron a abrir el futuro de New Order. “Con amor desde Manchester, Inglaterra. Salud”, fue el mensaje final del cantante. «
Por Gustavo Bove -
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