Manu Chao en Argentina: después del vendaval
En una nueva visita y tras girar por el interior del país, el músico se presentó en el Microestadio Malvinas Argentinas
Puño en alto, camisa abierta, bermudas y gorra, se golpea el pecho con el micrófono. Se escuchan lo que aparentan ser los latidos del corazón: "tum tum, tum tum"; el ritmo cardíaco empieza acelerado, pero baja la intensidad a medida que la música se apaga. "Pase lo que pase, sea lo que sea.", lanza desde el escenario y miles de personas lo acompañan a terminar la frase que se convirtió una marca registrada de Manu Chao: "Próxima estación: ¡esperanza!".
Había pasado una hora exacta desde que Gambeat, el bajista que lo acompaña desde Mano Negra, saliera al escenario para empezar a darle cadencia al primero de los tres shows que el artista vasco-francés tiene programado en Buenos Aires. Una hora de frenéticos movimientos con su compadre, el guitarrista Madjid Fahem, brincos adolescentes y la adrenalina que trasmite su Radio Bemba con canciones que no tuvieron un principio y un final. Sesenta minutos de rumba, reggae, flamenco y power-dub. Y recién ahí se tomó el primer respiro.
Mr. Bobby abrió el recital en el Microestadio Malvinas Argentinas, con un calor agobiante, pero en medio de un clima de éxtasis total. A diferencia de otros recitales de Manu Chao en Argentina, el de anoche lejos estuvo de convertirse en esas sesiones maratónicas que llegaron a durar hasta tres horas. Solo (¿sólo?) se extendió por dos horas, pero a pura velocidad y ritmo, con la banda despidiéndose y regresando al escenario varias veces.
En francés, italiano y español, Manu bajó los decibeles con los primeros versos de "A cosa", pero como una constante en todo el show la banda sumergía a la gente en una montaña rusa que subía y bajaba la intensidad en cada acorde. "Bienvenida Tijuana" sonó mientras una bandera mexicana flameaba en el medio del campo; "El viento" se escuchó con una dedicatoria "a todos los que vinieron hasta aquí esta noche" y el cover "Se fuerza la máquina" se conectó con "Día luna, día pena", "por todos los que perdieron".
Mientras se apagaba "Otro mundo", diseñado en un tempo más bajo que el natural, la banda se alejó del escenario y dos hombres dieron un mensaje. Se entendió así las banderas que colgaban detrás de los músicos, con varios dibujos y mensajes: "Por el agua, por la vida, no a la mina.www.noalamina.org". Los dos militantes protestaron contra la mega minería en Catamarca, en especial, con el proyecto Alumbrera. "A mis viejos los mató la dictadura, no quiero que a mis hijos los mate la minería", dijo uno de ellos.
"Clandestino", "La vida tómbola" ("Ahí va Diego, haciendo lío") y "Me gustas tú" fueron parte del segmento de los hitazos. Si el sonido del Malvinas era un poco latoso, poco le importó a la gente que acompañaba el ritmo decadente de Manu, contorneando sus cuerpos o con los puños en alto cuando el artista saludaba. "¡Gracias, Buenos Aires!", repitió una veintena de veces durante toda la noche y se convirtió en un mensaje de despedida eterna que no terminaba de consumarse nunca.
El recuerdo de Mano Negra estuvo presente con "Mala vida", uno de los momentos más poderosos de la noche, la tierra tembló con "Machine Gun" y el reggae de Bob Marley se sintió en la piel con una fina versión de "Iron, Lion, Zion".
En la despedida, Manu habló en francés y le enseñó a su gente a hacerlo, bailoteó, se fue yendo de a poco, volvió, saludó una vez más, desapareció con sus músicos, regresó, entonó su "Minha galera", hizo una reverencia y se marchó para no retornar. Miles de almas lo aguardaron, como lo hicieron durante largas horas. Esperaron, escépticos, sin creer que haya sido el final. Pero terminó. Las piernas temblaban, el cuerpo sudaba, los oídos retumbaban. Había pasado el vendaval Manu Chao.
Por Mauricio Giambartolomei - rollingstone.com.ar/1426021-manu-chao-en-argentina-despues-del-vendaval