Macri, el jefe
Aún no del todo descifrado, el hijo pródigo de la patria contratista sigue apostando a presentarse como la nueva política. ¿Le alcanzará para una reelección?
Todos contra el pin Hay problemas de conexión. Está difícil hacer que la parte del alfiler se introduzca en la parte del gancho. Primero lo intentó la vieja secretaria de siempre, después otra, después una chica de prensa y ahora también mete mano el vocero. Ocho manos intentando clavarle al jefe un pin en la solapa que lo distingue como... ¿como qué, Mauricio, como Commendatore? "No, Commendatore no, algo mucho más importante", dice con media sonrisa y va el primer intento de chiste de un tipo que no es un humorista espontáneo pero que al menos lo intenta. "A ver, ¿cuál es el título?" Cuatro manos interrumpen la lucha con el pin para buscar en papeles y aparatos digitales. Tampoco está fácil. "Después te lo mandamos." Aunque la cámara lentísima de la escritura hace que el chiste se vea todavía un poco más malo y el interés ya pasó, cerramos con un rápido googleo: Grande Ufficiale dell'Ordine della Stella della Solidarietà Italiana. Ojo, Mauricio, que el Ufficiale es más que el Commendatore pero menos que el Cavaliere, y que la Orden de la Estrella es la segunda en importancia que entregan los tanos. No la primera. Regula su generosidad, parece, el Estado italiano. Resuelto el tema del pin, es en el trayecto a ese Estado adonde acompañaremos al Grande Ufficiale: a la esquina de Buenos Aires, la de Billinghurst y Libertador, donde rigen las leyes italianas, la embajada del país donde nació el padre de Mauricio, en la que hay un almuerzo.
Estamos en el Centro Metropolitano de Diseño, un lugar arquitectónico espectacular en Barracas, el barrio de posmoda, sede de una de las tres oficinas que MM usa en campaña (las otras dos están en el llamado Palacio Municipal de Bolívar 1 y en el casi mítico Parque Indoamericano). A la manera de los doques de Puerto Madero, del Abasto y del Dorrego, el cmd -el viejo Mercado de Pesca- combina la arquitectura clásica y monumental del exterior con un interior moderno y tecnológico que en este caso alberga a empresas de tecnología y diseño apoyadas por el gobierno de la ciudad. Todas las gestiones, incluso la de MM -quien dice que lo suyo es la energía positiva-, sobreactúan las rupturas con los gobernantes anteriores, pero el cmd es el fruto conjunto del trabajo de las gestiones de Ibarra, Telerman y el actual. El Grande Ufficiale acaba de acompañar a la rama femenina de la familia Malbrán en el lanzamiento para la prensa de la Casa FOA que se hará en el cmd. Un cóctel cocacolero temprano y la escolta de un grupo humano chetoide que, cambiando los nombres, siempre rodea a MM. Y ahora nos concede su compañía en el trayecto por la avenida Vélez Sarsfield-Entre Ríos-Callao bajo la cual algún día correrá también el tren subterráneo.
De Parque Patricios a Barrio Parque subimos a su auto mientras tratamos de ablandarlo contándole quiénes somos. También tratamos de cerrar la puerta con la mano. "Cierra sola", nos dice el jefe. Y le pide al chofer que la policía no detenga el tránsito para que él pase, que eso no le gusta. No le harán caso del todo, o saben que no tienen que hacérselo: muchas veces el auto ganará tiempo yendo por la mano contraria.
La camioneta está casi vacía. En medio del asiento de atrás, unos pocos papeles y una afeitadora también automática. Cómo viene la campaña, le preguntamos. "Tranquila." ¿Ganador? "No me gusta sobregirar. El clima que se trata de imponer", dice tratando todo el tiempo de evitar nombrar al Gobierno nacional, "es de soberbia, de crítica, de injuria, de trabas, de dificultades. Nosotros trabajamos en equipo, con tranquilidad, para darle soluciones a la gente, y confiamos en que la gente eso lo vea". Tu gobierno, a veces, da la sensación de impotencia, de promesa incumplida, de lo nuevo que se quedó trunco. "Hacé una recorrida por la ciudad y vas a ver que en todos los barrios hay obras. Lo que no pudimos hacer fue porque acá hay una máquina de impedir, de poner palos en la rueda." ¿Fue un error generar tanta expectativa? "No fue un error, nosotros somos así, trabajamos en positivo y mirando el futuro."
Aunque parece darnos su confianza, nuestras preguntas rebotan contra el hombre de los ojos celestes. Le decimos que da la sensación de que todo en él parece ser esforzado. Le preguntamos si la vida le fue difícil. Si le costó armar su identidad frente a su padre. Si es un niño rico que está triste. Que por qué los niños ricos tienen tristeza. Si lanzarse a la política, que es como echar la honra a los perros, no tiene algo de masoquismo. No. A MM, el alcalde procesado por espionaje, no le gusta la palabra "masoquismo". El está convencido, dice, de que la política es una herramienta para transformar la realidad. Para mejorar la vida de la gente. El se siente nuevo en la política, cada vez más nuevo, y lo que aprendió de la política es que hay que aguantar las bombas y las flechas envenenadas
Pero este tipo estuvo en la guerra, eh. Cuando le preguntamos por qué se mandó a la política, empieza hablando de Boca. ¿Y el secuestro? "Es lo peor que le puede pasar a un ser humano, sólo la guerra es peor."
El tipo estuvo en la guerra, fue, vio y volvió transformado. Es como un bonzo. Un bonzo cheto. Habla en cheto no porque el colegio Newman de la provincia norteamericana de La Horqueta, San Isidro, haya moldeado al hijo del tano hasta convertirlo en patricio. Nos dice que habla así, con la papa en la boca, por un tema foniátrico que tuvo que tratarse.
Los repúblicos de Palermo, los agentes del orden populista, partieron de ahí, de la papa en la boca de Mauricio, para empezar a darle forma a su bestia blanca. Muchos se paran sobre los modales un poco bobos con que la upper class subraya su diferencia sobre el común para montar la escenita de la ideología y masturbarse pensando en sus propios prejuicios. Hay gente que desde hace tres períodos legislativos se despierta, se golpea el pecho, pronuncia cada tres palabras dictaduramenemismomacrismo y con eso se siente bien, se autoafirma, considera que sus veinte, treinta, cuarenta lucas sueldo en las legislaturas están bien merecidas. Grandes practicantes del tiro al pichón.
En este país, el bando de la eficiencia y el bando de la justicia social mantienen un empate técnico desde hace por lo menos cuarenta años, y en el medio, ni con los vientos más chinos del mundo, ni la soja a precios chinos sembrada hasta en la Plaza de la República, ni con todo eso terminamos de arrancar. No hay que ser un genio para darse cuenta de que el Estado sigue siendo el objeto de una ola constante de asaltos bucaneros, enfrentados en una guerra que empantana a todos. La democracia, de a poco, madura. Quizás es bueno que la sociedad se vuelva escéptica y que las elecciones sean vistan como un casting de chamuyeros. ¿Será MM, el hijo de la patria contratista, uno de los ejecutores del cambio? La ciudad de Buenos Aires, al menos como contrapeso para Populismo S.A., parece a punto de renovarle el crédito.
En busca de la corbata perdida un video que cuesta encontrar en youtube registra el día de 1993 en que MM se mandó solito al escarnio que es la escena pública. Bernardo Neustadt, el inefable doctor de la universidad de la calle, le dio lugar para que ventilara sus sueños. Se lo notó sólido aquella vez. Nosotros, que lo vimos en directo, le notamos pasta. MM incubaba su utopía minimalista de derecha. Llegó bastante lejos, y contando, eh. Y algo aprendió.
Por esa época, por la época de oro de la década infame de los nineties, el fútbol desplazó al rugby y al tenis como práctica deportiva predilecta de los chicos de clase alta, semialta y derivados. Todos los sábados y domingos a la mañana, decenas de miles de troperos encaraban la Panamericana -bordeada por ecologistas aferrados a los árboles para impedir su ampliación y su peajización- y convertían en un negoción a los torneos de fútbol amateur que empezaban a pulular por entonces en las apacibles intendencias siempre radicales del Conurbano norte. MM, en realidad, empezó a hacer política unos años antes, cuando organizó el célebre torneo de la Quinta, ese donde se jugaba por invitación, donde abundaban los ex jugadores, y al que sólo los grandes players amateurs de zona norte, la crema del fulbismo, han logrado entrar.
Fue ahí, casi más que en el mundo empresario heredado, donde MM se tejió como el representante de la clase alta ampliada, de los administradores de empresas, los chicos de los barrios cerrados, los que creen más en el capital que en el Estado, los que creen que el ispa tiene que ser más moderno y más eficiente si quiere ser más justo. Después se alió con el pueblo de Boca, con el pueblo, y su representatividad hizo derrame.
Sus definiciones políticas y culturales no escapan de lo esperable, incluyendo el leve acomodo de la historia y la realidad al propio relato. Hoy, ser de izquierda puede equivaler a ser de derecha pero esnob, así que le tiramos algunas preguntas para los preocupados por el qué dirán. Tomen nota. ¿Matrimonio gay? MM ejercita su brazo derecho tirando de una cinta amarilla que está colgada del apoyacabezas delantero. "Siempre estuvimos a favor. En la ciudad de Buenos Aires nos anticipamos creando la unión civil." ¿Legalización del consumo de marihuana? "Es un tema complejo que hay que encarar a través de un debate maduro y profundo. Pero a mí lo que más me preocupa son los chicos expuestos a la drogadicción y el negocio del narcotráfico montado en torno a ellos." ¿Creés en Dios? "Creo que hay una fuerza superior." ¿Rezás? "No." ¿Ultimo libro que leíste? "La trilogía policial del sueco Stieg Larsson. Me atrapó." ¿Te imaginás retirado de la política? "Sí."
Un político es como un ex adicto: a fuerza de cotidiana repetición en público, tiene bien ensayado el relato de su vida. Y a MM, un hombre que canaliza su energía mucho más a través de la vida afectiva que de la intelectual, con años de psicoanálisis encima, se lo ve mucho más claro a través de la acción que a través de las palabras.
El auto baja por Callao y bordea el ex Italpark. MM se da cuenta de que no tiene puesta una corbata para el almuerzo. Le pregunta al chofer. Tiene que estar por ahí. Nos levantamos a ver si quedó por abajo de nosotros. No está. "Bueno, pasemos por casa", le ordena MM al chofer. ¿De qué color la corbata? Mauricio se mira la camisa, el traje azul.
Azul. Corbata azul. Treinta minutos en el auto y lo que detectamos detrás de los ojos azules, que nunca van a decirlo todo, es lo que intuíamos. La construcción, digamos, de la política desde los afectos. El legado del niño rico que está triste, que se hizo hombre, se hizo Mauricio que no es Macri, lanzándose con dolor y tenacidad a ese lugar común, el lugar de todos, la política.
El Estado sos vos segun las epocas, la percepcion social cambia radicalmente su opinión sobre las personas y los procesos políticos. A los 52 años que hoy tiene MM, Néstor Kirchner era percibido como un feudal vivaracho y privatizador, y Menem como un pintoresco del desierto que deliraba con la presidencia. El azar y la pasión, mucho más que la conspiración, engrandecen a los individuos.
MM es el autor de una de las grandes proezas electorales de la historia argentina: es el único político de derecha pura y dura que ganó una elección importante. Se autoimpuso una apuesta más o menos fácil, otros cuatro años más en la ciudad, y en 2015 va por el premio mayor, que en el caso de los políticos de acá nunca parece otra cosa que quedar en la historia de manera más o menos desgarrada.
Al día siguiente del viaje en auto seguimos a MM al acto de inauguración del túnel aliviador del Maldonado. Una gran puesta escenográfica frente al Río de la Plata. Una grúa que retira un montón de tierra y el agua del río se introduce en el canal artificial. La troupe de funcionarios de alta gama, noteras CQC-like y productores en zapatillas están sobre una plataforma. MM y otros están de traje elegante, casco amarillo de trabajador y zapatos barrosos. Abajo, un grafitero contratado hace en una de las paredes del túnel un trabajo alusivo con gran derroche artístico.
Termina el acto y MM atiende a los noteros hambrientos, que combaten por la verdad. MM machaca con su discurso ejecutista y de tono positivo.
En realidad lo que se hizo es probar el canal, y si funciona bien, lo harán entrar en funciones. Es un proceso largo. Como todo en la política. La dialéctica de lo que se muestra y los ríos profundos de los cambios lentos, que corren por abajo de la superficie. El scrum entre el abrazo gubernamental, siempre un poco forzado, y la dinámica social, imprevisible y arrasadora.
Los políticos, más que direccionarla, la representan: son actores, siempre un poco en el aire. Como la señalética de la ciudad, que las intenciones municipales estetizan a su modo: marcan el mapa, no la realidad.
Texto de Santiago Llach . Foto de Fernando Dvoskin -
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