Mientras su interpretación de la malvada Verónica San Martín en El elegido sigue cosechando elogios, la actriz nos invita a su camarín
La música viene del camarín de Leticia Brédice. Es la maravillosa música de Motown. Del lado de afuera, a un costado de la puerta, hay un banquito fucsia muy bajito. "¿Sabés para qué es el banquito? Para que la esperen sentada", indica Amelie, una vestuarista senior de Telefe que es la encargada de "decorar" a la actriz para su personaje en El elegido, la serie en la que Brédice interpreta con excelencia a la aristócrata de derecha Verónica San Martín, una experta en arte casada con Andrés (Pablo Echarri) que de chica fue abusada por su padre, y que es bipolar, tripolar, y mala, mala, mala.
Es viernes y es tarde. Falta una escena y el productor, un pibe alto de aspecto anémico, todavía intenta poner las cosas en su lugar llamando a la actriz por un sobrenombre de entrecasa. "Rubia", le dice. Eventualmente, Brédice sale del camarín y graba. La puerta del camarín de Brédice está llena de recortes de fotos de Marilyn Monroe y suyas, que se confunden. Hay una de Monroe en la playa que al costado dice: "Soy yo". Y en uno de sus bordes, un trazo en fibra que parece una plegaria: "Piensa en cosas buenas, no en cosas malas. Haz el bien". Dentro del camarín, donde hay un baño, un espejo con luces, varios pares de zapatos de Verónica San Martín y unas cuantas batas colgadas, las fotos de Marilyn y las suyas se confunden también con otras de Jackie Kennedy: las mujeres que inspiraron al director Gustavo Marra. "Notablemente fueron la mujer de un mismo hombre. La rubia y la morocha", dice Brédice cuando nos quedamos solos.
Brédice, de 39 años, estudió actuación en el taller de Norman Briski, y fue ahí, entre los 13 años y los 17, donde aprendió que un buen actor necesita tener un lugar especial donde refugiarse: "Antes de empezar a actuar, él hacía apagar la luz, te hacía entrar en un momento de meditación". Un día, Briski la vio "pispeando" a un iluminador justo en ese momento, y le gritó: "¡Questashaciendooo!". "Me sentí tan expuesta que me fui, me comí 500 alfajores, y volví al otro día pensando: «Esto es lo que quiero»."
El elegido toma cosas prestadas tanto de Mad Men como de la masonería para sostener una trama bastante previsible alrededor de un triángulo amoroso siempre envuelto en llamas (Echarri con la morocha Paola Krum y la rubia Brédice), y es la única serie argentina que ostenta en Twitter el logro intangible de un pomposo hashtag propio: #LaNovela. Lejos del perfil de actriz volátil y revirada, de loca, con el que suele ser asociada, Leticia es, en privado, de noche, solos en su camarín, un ser encantador y dulce que dice: "Yo no me siento una actriz que está haciendo una serie. Me siento una bailarina, una artista que está jugando".
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