Juanse y el fin de la paranoia
Biblias, caídas y poetas oscuros; el líder de los Ratones habla del fin de su banda y de sus mil batallas como soldado del rock & roll
En el palier del departamento que Juanse comparte con su familia, un coqueto séptimo piso a pocas cuadras de las Barrancas de Belgrano, hay una mesita con una estampa de San Jorge, un platito con las cenizas de varios sahumerios y dos biblias. No son las únicas biblias que hay. En una de las bibliotecas, junto a ejemplares de Carlos Castaneda, Ernesto Sabato, Geneviève Droz, Arturo Jauretche, Martín Caparrós y los 24 tomos del Diccionario Enciclopédico Espasa, reluce otro ejemplar del Nuevo Testamento. "Para mí, es un libro que está muy vinculado a la complejidad de la simpleza", explica el anfitrión. "Al margen de la creencia, que lo supera ampliamente, porque uno puede creer o no. Lo difícil es llevar adelante todos esos requerimientos, aparentemente simples, de un poeta. Porque ésa es para mí la definición de Cristo: un juglar místico, contra el cual combatimos muchas veces, consciente o inconscientemente."
Juan Sebastián Gutiérrez tiene 49 años y ha dedicado más de la mitad de su vida a hacer canciones. Durante todo ese tiempo lideró a los Ratones Paranoicos, el tanque stone local con el que construyó un catálogo extenso que va de la insatisfacción lisérgica de "Rock del pedazo" al sexo casual de "Rock del gato"; de la drogodependencia recreativa de "Una noche no hace mal" a los placeres culposos en "Vicio"; del revisionismo histórico de "Juana de Arco" a la épica arrogante del Far West en "Cowboy"; y del existencialismo festivo de "Para siempre" a la crónica de la noche que filetea en "Girando". Juanse tiene una obra prolífica en hits y melodías. La quintaesencia de su arte relaciona formas simples y letras contundentes, y una interpretación que, justamente, excede la actuación: Juanse le pone el cuerpo a sus canciones. O al rock & roll, que es lo mismo.
El departamento de los Gutiérrez despliega una estética típica y desprolija de lo que podríamos definir una "burguesía ilustrada". En las paredes del living-comedor, los discos de oro y platino que Juanse cosechó a lo largo de un cuarto de siglo como frontman de los Ratones conviven con espejos que ayudan a agrandar el ambiente y una repisa llena de portarretratos con fotos del propio Juanse y de su esposa, July, y de sus hijos, Daland y Bárbara. También se luce otro disco de oro por su participación en El regreso, de Andrés Calamaro (de 2005, en el que homenajearon a Pappo con una versión de "Desconfío", a dos meses de su muerte) y el diploma de ciudadano honorario de Memphis, Tennessee, ciudad a la viajó en 1993 para grabar el exitoso Hecho en Memphis. Producido por Andrew Loog Oldham, quien fuera manager de los Rolling Stones en los 60, el octavo disco de estudio de los Ratones incluye la participación de Mick Taylor, el guitarrista que integró el grupo de Jagger y Richards entre 1969 y 1975, y varios hits, como "Isabel" y "Vicio".
Hay dos bibliotecas más. En una doble fila de videos en formato VHS conviven clásicos del cine europeo (Fellini, Buñuel) con películas de terror y ciencia ficción, casi todas clase B de los años 50, y una pelota de cuero número 3 firmada por Diego Maradona, souvenir de su paso como invitado de La noche del Diez, el show televisivo que Diego Maradona condujo los lunes del segundo semestre de 2005, por Canal 13. Allí los Ratones cantaron la adaptación maradoniana de "Para siempre", el hit que Juanse compuso con Calamaro y que también cantó en la Bombonera en ocasión del partido homenaje, cuando Diego inmortalizó la frase "la pelota no se mancha".
La otra biblioteca está dedicada, casi en su totalidad, a la bibliografía stone, entre biografías, libros de fotos y memorabilia de la banda que funcionó como su punto de referencia entre el glam, el punk, el rhythm & blues y otros estilos de los 60 y 70. Uno de los estantes, sin embargo, hace las veces de bar, y allí descansan varias botellas del whisky escocés Johnny Walker en tres de sus etiquetas: la roja, la negra y la verde. En la misma repisa, un viejo parche de los Sex Pistols recuerda la influencia del punk en los años formativos del cantante. "Para mucha gente, Sid Vicious es un tipo con la boca rota escupiendo gente. Yo, en cambio, creo que su imagen ya es arte. Aunque murió sin saberlo. Era, en términos de James Joyce, un artista adolescente."
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