Noche Estelar en RosarioFecha: 8/11/2010
Autor: Pablo Díaz D'angelo (desde Rosario)
Estelares no ganó un Gardel por su disco “Una temporada en el amor” (la presea fue para un álbum de Catupecu), aunque si el zorzal, hubiese tomado un café con Manuel Moretti en un bar platense, seguro daría el OK a varias de las emotivas interpretaciones del songwriter y líder indiscutible de esta banda forjada entre Junín y La Plata.
Por los sonidos rústicos de la AM, como música funcional para un repertorio rubricado por este gran creador de canciones que el sábado, regaló unas cuantas para el público rosarino, en la Sala Lavarden.
Las bellas composiciones de “Una temporada en el amor” (nominado como álbum de grupo de rock), y los clásicos de siempre fueron el sostén de por qué Estelares pasó por Rosario. Además, tuvieron el agrado de presentar un DVD íntimo (“Una temporada en el estudio”), mentado y llevado a cabo por Pato Ragalade, que muestra la grabación de este álbum editado en 2009, monitoreado por Juanchi Baleirón, quizás, el mejor productor del rock autóctono en la actualidad.
La proyección de este riquísmo material tuvo muchos inconvenientes técnicos y la gente se impacientaba. También hubo problemas con las luces, que en más de un solo de Víctor Bertamoni (agachado a lo Angus Young), quedaban con la mirada perdida en un teatro sofocado por el calor. Pero la frescura de los Estelares permitió que todas estas imperfecciones casi ni se noten. Sobretodo por un set graduado de menor a mayor, en peso específico, arrancando por baladas oscuras, “Moneda corriente”, “Mariposas” y “América” (que fue el track uno en el playlist) para ir mutando de a poco y desatornillando a la gente de las butacas del teatro céntrico, para bailar al pie del escenario.
Los modales refinados de Moretti y sus falsetes, que tajean su voz como con una gillette, se hicieron irresistibles y penetrantes. Fue sorteando sus dedos entra la acústica y la eléctrica, colaborando con el slide de Bertamoni, anticipando cada uno de los temas, dándole el respectivo marco introductorio, respetando una idiosincrasia teatral. Y hasta permitiéndose un gusto personal al enviarle un saludo imaginario a Kirchner: “Para mi querido Néstor”, antes de “Frescos como uvas”, una canción que linkea a Estelares con el Sur de nuestro país, adhiriéndose de paso al lineamiento de varios rockeros K, que luego de la muerte del ex Presidente, salieron a demostrar públicamente su cariño. Aplausos en la sala.
Las letras fueron revisitando personajes del universo Moretti e invitándolos virtualmente a la Lavardén. Todos interactúan en relatos muy verídicos que identifican a mucha gente, sobretodo al propio creador. “Yo no tuve problemas con las drogas, me gustaban mucho”, declaró el vocalista vintage, en una autobiográfica y antes de mover el dial a la amplitud modulada para tocar unos tanguitos junto al resto de los Estelares. “Camas separadas” (lo mejor del show), y “Autobuses”, aunque no es estrictamente en dos por cuatro, pero tiene muchos matices de la música ciudadana, regresaron por un momento al compositor a su infancia, una niñez muy influenciada por el género de los arrabales.
La hora de prenderse un pucho, llegó con la bella “Un viaje a Irlanda” pero el bailongo vino con varias de “Una temporada…”. “Cuatro chicos”, “Superacción” y clásicos estelares (“Un show”), y de otros, como una fortísima versión de la lisérgica “Pronta entrega” (Virus), que más que transportar todo a una disco de los 80’, sorprendió con un estilo mucho más grunge, un espécimen raro dentro del concepto baladas que tiene Estelares.
“Los rosarinos hablan mucho en los shows”, dijo Moretti, como motivando a un personaje de Capusotto. Le pidieron temas desubicados, gritaron un añejado: “¡Música maestro!” y solicitaron, encarecidamente, el encendido del aire acondicionado, aunque ni lerdo ni perezoso contestó: “Soy muy despelotado, perdí el control remoto” balbuceó Manu (a esta altura, en la intimidad del teatro, ya era simplemente Manu), buscando respirar el poco oxígeno que quedaba, después de un demoledor campeonato de canciones repletas de historias. “Esto no da para más”, se despide, precisamente “Aire”, del anterior “Sistema nervioso central”, pero quedaba tiempo para adentrarse en los bises, con una improvisada versión de “Julia”, “El corazón sobretodo, un par de temas más y nos vamos”, y Estelares se despidió con más que “Un día perfecto”, una noche ideal, sudados y ahogados, pero aplicados hasta el final, entre el legado psicodélico de Moura/Abuelo, la melancolía gardeliana, siguen apostando sencillamente a la canciones, a las mismas que el intelectualoide Moretti, según una letra suya (“Melancolía”), les dio la vida y no se arrepiente.