El soplo del blues
Los armoniquistas en La trastienda. Rubén Gaitán se presentará esta noche, mientras que Nico Smoljan lo hará el próximo sábado. 
Cuando decidí que lo que queria hacer durante el resto de mi vida era tocar la armónica, acá no había nada. O casi nada. Estaban Luis Robinson y un tal Chupete. Ellos fueron los pioneros.” Vestido como salido de la película de los Blues Brothers, Rubén Gaitán cuenta que la decisión la tomó hace poco más de dos décadas, después de ver a un soldado tocando el instrumento, en alguna película que encontró haciendo zapping.
“Me compré una armónica, renuncié a mi puesto en el área de finanzas de Gatic (Adidas) y empecé”, resume. Lo que le significó vender su departamento para sobrevivir y dormir algunas noches a la intemperie, para crearse una platafoma a partir de la cual poner en marcha su plan. Primero, tocando mucho, en tiempos en los que el blues era banda de fondo de unos cuantos locales porteños. Después, yendo de un lado para otro con su banda, dando clases y, finalmente, hace ocho años, convirtiéndose en planta estable de Los Ratones Paranoicos. “Ellos me llevaron hacia otro lugar”, admite Gaitán, quien hoy será uno de los encargados, acompañado por su banda, de animar el Festival de Verano de Buenos Aires Ciudad Blues, en La Trastienda.
Del otro lado de la mesa, Nico Smoljan escucha, y espera su turno para contar cómo, en su Neuquén natal, se hizo amigo del instrumento que lo pondrá sobre el mismo escenario, al mano de los Shakedancers, una semana más tarde: “Mi vieja me había regalado una armónica, cuando tenía ocho años. Saqué Oh, Susana , y la guardé por ahí, hasta que cuando tenía 14 o 15, mi hermana me regaló un casete de Muddy Waters, y flasheé. Me propuse seguir avanzando musicalmente y tocar con mejores músicos, así que me vine para Buenos Aires.” ¿Cómo se les ocurrió que con la armónica podían liderar sus propios proyectos, teniendo en cuenta que, muchas veces, se la toma como un instrumento de acompañamiento? Smoljan: Creo que eso es parte de una visión equivocada, o de un mito alimentado, incluso, por algunas películas en las que es asociada a la marginalidad, o considerada un juguete. Pero la armónica tiene un rango melódico de tres octavas cromáticas, más o menos lo que tiene un saxo, y te premite tocar lo que quieras.
Gaitán: Hay que tener en cuenta que es un instrumento relativamente nuevo, que aún debe evolucionar. Vuelvo al tema de que, aquí, 20 años atrás, hubo que crear una especie de mercado: formar músicos que a la vez, consumieran lo que uno hacía.
Una especie de fordismo musical...
Gaitán: Algo así. Un trabajo de propagación, que tivo un pico hacia mitad de los ‘90, y que después decayó un poco.
Smoljan: Y ahora hay un movimieto interesante, de nuevo, con muchos músicos de blues que vienen de afuera.
¿Cuál es el aporte local al género, si es que lo hay? Smoljan: Poner fronteras en el blues se me complica, porque lo veo como un lenguaje universal. Además, el blues tiene más que ver con mi formación que la chacarera o la zamba.
Gaitán: Creo que yo siempre toqué blues tradicional, a mi manera. Soy como un heavy metal del blues. No puedo quedarme quieto, pero si me siento a escuchar, puedo agarrar a John Lee Hooker solo, o a Sonny Boy Williamson acústico. Y después de haber andado por todo el país, pienso que en cada lugar tienen su propio estilo. Eso sí, siempre aclaro que nosotros estamos tocando blues, pero de ahí a hacerlo... Vos escuchás a los negros esos y entendés enseguida que ellos eran el blues.
03.02.2012 | Por Eduardo Slusarczuk eslusarczuk@clarin.com