El alcohol vuelve a los recitales
Ensayan formas de venta restringida de bebidas alcohólicas en festivales y shows; ¿qué pensás de esta tentativa?
Con poca publicidad y casi en puntas de pie, una megaproductora y un monstruo cervecero están logrando lo que hasta hace un tiempo parecía imposible: vender alcohol en recitales masivos. Los que en noviembre del año pasado vieron a Phoenix, Scissor Sisters y Massive Attack en el Hot Festival, y los que en abril vieron a Flaming Lips y Massacre en el Quilmes Rock, protagonizaron la primera prueba piloto. Antes de entrar en el estadio, recibieron una pulserita con dos eslabones. Al comprar una cerveza en una zona especial denominada "Beer Garden", les quitaban uno. Con la segunda, el otro. Dos vasos de 330 cm3 por adulto y suficiente por esa noche. "Es una autorregulación nuestra. Una cantidad suficiente para disfrutar en relación a lo que dura el festival", explica Ricardo Fernández, vicepresidente de Marketing de Quilmes.
Esta novedad se materializó en un corralito al costado del campo, con capacidad para 500 personas, al que sólo se podía entrar mostrando el documento. La metodología se copió del festival californiano Coachella, según el gerente de Marcas Fernando Mur. Bajo la mirada de un centenar de inspectores, los interesados hacían fila, tomaban adentro y podían sentarse en sillas dispuestas para eso. En el show de los Flaming Lips, que tuvo 10 mil asistentes, se vendieron 1.657 vasos de la marca auspiciante, a diez pesos cada uno. Hace dos años, la compañía ya había testeado este sistema de venta restrictiva en la edición cordobesa del festival.
"La idea es pasarla bien y que no sea una tortura venir a un show. Es algo que veníamos probando en forma aislada y ahora es más metódico, con la idea de seguirlo", revela Roberto Costa, cabeza de la productora Pop Art. Y asegura que no se trata de dinero: "Nos preocupaba que una parte del público venía muy pasada o recurría a otro tipo de cuestiones. Y la gente estaba en desventaja con eventos como Creamfields y con cualquier otro boliche, donde hay alcohol en la barra". Para sumar argumentos, recuerda que la venta es usual en gran parte del mundo.
En la última edición del festival mexicano Vive Latino, "uno de los principales patrocinadores fue Cerveza Indio, por lo que se vendió mucho alcohol", cuenta Itzel González Flores, de CIE México. "En el VIP también hubo ron, tequila y otro tipo de licores." La venta a mayores con pulsera identificatoria es común en ese país. En la edición Chile del Lollapalooza, los dueños de los tickets más caros también tuvieron beneficios etílicos: dos cervezas gratis por día. Además, había un puesto de Jack Daniel's, que también vendía dos vasos por persona. Fue uno de los primeros festivales con alcohol en Chile.
En Buenos Aires, las negociaciones a tres bandas -productora, cervecera, gobierno porteño- empezaron en 2010. Quilmes prometió una venta limitada y Pop Art se sentó a la mesa de Hernán Lombardi, ministro de Cultura de la Ciudad, y Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete, para convencerlos de que el sistema funcionaba. Antes hubo que bucear en la normativa porteña. Aunque la Agencia Gubernamental de Control (AGC) contempla la venta de alcohol mediante una "autorización expresa", había una larga historia de prohibición detrás. La ley 3.361, de 2009, dice que "quien vende o suministra bebidas alcohólicas en el lugar donde se desarrolla un espectáculo masivo, de carácter artístico o deportivo (.) es sancionado con multa de 1000 a 5000 pesos y clausura e inhabilitación". Es una actualización de los códigos contravencionales de 1998 y 2004, que también sancionaban la venta. Y ya en la última dictadura, la ordenanza 33.266 prohibía la comercialización de bebidas alcohólicas en estadios. Como sea, Pop Art obtuvo su permiso del director de Habilitaciones. "Más que nada, fue una movida de la gente de Quilmes. Es su negocio y es normal que quieran que se consuma", justifican desde la AGC.
Mientras tanto, el otro gran player mira de reojo. "Que no haya alcohol en los shows es un retraso social. Lo que hay que hacer es meter presos a los que venden a menores", pide Fernando Moya, director de Entretenimiento de T4F. Para él es casi imposible que alguien se emborrache en dos horas de recital. Todos los shows que su productora hace en Brasil, como el de U2 en San Pablo, incluyen la venta de alcohol ilimitada.
Con el envión de la novedad y la venia gubernamental, la experiencia del consumo controlado se repitió en las cuatro fechas de mayo. Las próximas pruebas serán con Vicentico y Slayer (3 y 5 de este mes, Luna Park), las giras de No Te Va Gustar y el show de Eric Clapton en River, el 14 de octubre. Costa ya sueña con que cualquiera escuche a Roger Waters con una copa de champagne en la mano. El objetivo parece ser la instalación de un hábito y la conquista de nuevos mercados.
Por Pablo Corso